Cada persona a la que le he impartido clases ha sido una experiencia diferente. Puedo decir que no hay un método que sirva para todo, pero sí hay un camino que uno ya ha recorrido y del cual conoce bien las exigencias a las cuales nos va exponiendo. En el rol de ser quien enseña uno va prestando especial atención a cuáles son las facilidades y dificultades que tiene aquella persona a quien se le...
Cada persona a la que le he impartido clases ha sido una experiencia diferente. Puedo decir que no hay un método que sirva para todo, pero sí hay un camino que uno ya ha recorrido y del cual conoce bien las exigencias a las cuales nos va exponiendo. En el rol de ser quien enseña uno va prestando especial atención a cuáles son las facilidades y dificultades que tiene aquella persona a quien se le va impartiendo el conocimiento. Cuando a uno le apasiona la actividad que realiza siente un gran entusiasmo en poder compartir todo aquello que sabe, y es ahí el punto más interesante y complejo, regular la información que transmitimos para que no se nos escape.
Siempre tiene que establecerse un objetivo claro a conseguir, y si no está claro (lo que sucede a menudo) se va descubriendo en la misma actividad de ir explorando de qué se trata este apasionante mundo de la música. Son diversos los caminos que se pueden transitar en ella, cada uno va descubriendo cuál es el suyo.
Como profesor, intento justamente eso, ir mostrando, guiando y ayudando a resolver las dificultades que se plantean.
Muchas personas me han buscado para trabajar cuestiones técnicas, otras han buscado su apoyo más en cuestiones emocionales; algunos quieren ser intérpretes, otros compositores o arregladores; a algunos les gusta más estar al frente de una agrupación musical, ser la cara visible, otros prefieren estar en un lugar menos expuesto, pero no por eso menos importante.
Lo importante es encontrar ese lugar en donde uno se sienta realmente a gusto.
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